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Lunes, 14 de Marzo de 2011 13:22 |
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Para saber acerca de "Encontrarás dragones" (There Be Dragons"), por el momento, hay que seguir leyendo a Melchor Miralles, quien la califica como un peliculón y que sigue escribiendo los resultados de su investigación, porque -dice- "me gustan los dragones".
Hoy acaba de publicar en su blog "Los dragones por dentro". Y ofrece informaciones acerca de la financiación y de las relaciones entre el productor Ignacio Gómez-Sancha y el también productor, guionista y director Roland Joffé.
Es interesante el retrato al fresco el que va saliendo de estas indagaciones de Melchor Miralles sobre aspectos poco conocidos de lo que supone sacar adelante una producción cinematográfica independiente sobre un asunto importante (amor, perdón, reconciliación) sobre el telón de fondo de unas circunstancias extremas como son las de toda guerra civil y más si se trata de España y entre los personajes figura Josemaría Escrivá.
Recomiendo leer lo investigado, escrito y publicado por Miralles, no sólo por lo que puede tener de novedad o curiosidad para personas ajenas al mundo de la producción cinematográfica, sino también por lo que supone el hecho de que en este caso esté de por medio la imagen de una figura muy destacada de la Iglesia católica del siglo XX, san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.
En su momento -cuando "Encontrarás dragones" ("Thre Be Dragons") se estrene- publicaré mi propia crítica, visión, perpespectiva o manera de entener esta difícil y apasionante película, que por su evidente pretensión de no ser otra cosa que cine-cine, resulta un auténtico regalo para la cultura ambiental. Y también la alegría de ver regresar al director de "La misión" y "Los gritos del silencio" por los fueros marcados en aquellas películas, tan difíciles y apasionantes como ésta.
Así comienza esta nueva entrega de Melchor Miralles en su blog:
Os prometí detalles acerca de la producción de “Encontrarás dragones”, la película de Roland Joffe basada en una parte de la vida de Josemaría Escrivá de Balaguer, el polémico fundador del Opus Dei. El estreno ha generado una gran expectación, y simpatizantes y críticos con el Opus afilan las plumas para recibir a la que promete ser una de las películas de año. Ya os puedo ir contando cosas, opiniones al margen.
¿Quién ha pagado la película?. Esta es la pregunta que más personas me han formulado. Bueno, pues ahí van algunos datos. Ignacio Gómez Sancha, productor ejecutivo, trabajó durante meses en la busqueda de los 25 millones de € que costaba hacer realidad el proyecto, y no le resultó sencillo. El aportaba una parte, pero ni en sueños estaba en condiciones de financiarla al cien por cien, y recurrió a especialistas en la captación de capital. Uno de ellos fue el William Blair Funds, contratado para hacer el primer road show con potenciales inversores americanos.
El 20 de septiembre de 2008 aterrizó en Nueva York Ignacio, cuatro días después de la quiebra de Lehman Brothers, y de las 25 reuniones que tenía cerradas por gestión de WBF le cancelaron 23. No estaba el patio para invertir en películas. Pero no desfalleció, consiguió semanas después las reuniones, siguió viajando por los cinco continentes y finalmente logró el dinero necesario con la aportación de 104 inversores entre los que se cuentan particulares, empresas del sector, Antena 3 y algunos fondos de capital riesgo.
En España se estrena el 25 de marzo, distribuida por Aurum, con 300 copias en salas. En los Estados Unidos se estrena en mayo con más de 1.000 copias y en estos momentos ya está en marcha, “con resultados iniciales estupendos”, el proceso de ventas internacionales. Finalmente es una coproducción de España, Argentina y EEUU y los productores son el propio Ignacio, Roland Joffe, Ignacio Nuñez y Guy Louthan. (...)
Y así termina esta entrega de Melchor Miralles:
(...) A partir de la idea inicial, Joffe, según me explicó el mismo en la entrevista que le hice la semana pasada en Madrid, construyó una historia donde se entremezcla el personaje real de Escrivá con personajes de ficción, en una historia que se centra en la pre guera y en la guerra civil española, y en la que un joven periodista que tuvo una tromentosa relación con su padre, a punto de morir éste, comienza una investigación acerca de uno de los mejores amigos de su progenitor, que es Escrivá, fundador del Opus Dei. La relación entre estos dos amigos constituye el hilo narrativo de la historia y permite al director narrar el proceso de fundación del Opus Dei.
Joffe explica que no ha escrito una biografía de Escrivá, y “tampoco he rodado un documental, he hecho una película, un drama sobre la traición, el perdón, la amistad, sobre lo que es el ser humano. Me importa el mensaje de la reconciliación, porque la vida es una oportunidad para amarnos. El título viene de una antigua expresión cartográfica latina que se utilizaba para señalizar lugares donde uno podía encontrarse peligros. En definitiva, es una película sobre lo que significa ser santo”.
Seguiremos conociendo detalles, me gustan los dragones.
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Lunes, 14 de Marzo de 2011 13:17 |
No tengo el gusto de conocer a Melchor Miralles. Pero sí tengo el gusto de haber visto, lo mismo que él, dias después y en el mismo estudio madrileño, en anteprima y con Ignacio Gómez-Sancha, el productor, la película There Be Dragons (Encontrarás dragones).
Por mi parte, pienso que aún no es momento de escribir largo sobre lo visto. Pero comparto al cien por cien el calificativo que como síntesis Melchor Miralles adjudica a la película: "peliculón!". Lo es, se mire por donde se mire: porque es cine-cine sin concesiones, que gusta como gusta el café-café sin achicoria, y en este sentido es un regalo sorprendente y quizá inmerecido; y también porque el drama épico (como bien dice Miralles) está realmente anclado en las cánones más clásicos, no sólo del cine, sino -si se me permite decirlo y si uno pretende no arrastrar visiones ideológicas banales- de la misma visión poética de la tragedia por parte del viejo Aristóteles.
En su momento quizá -si no resulta un tecnicismo intragable para algún crítico con alergias académicas- escribiré algo sobre la película y sobre el trágico personaje que se llama Manolo y sus -perdón por el palabro tecno-poético-, sus clásicos adikemata, en plan tragedia griega: sobre el genuino dramatismo de sus peculiares actos injustos. Manolo es el personaje paralelo y entreverado con Josemaría, personaje que circula con pacífica y exigente necesidad dramática interna, en genuina clave baja, por las complejidades de la trama.
Un peliculón, un regalo que -por supuesto- no será del gusto de todos.
¿A alguien le han gustado siempre todos los regalos recibidos? No conozco nadie, porque -entre otras cosas- todos tenemos nuestros propios dragones, soberbias manías, en el almario... Y quizá esos dragones, los de quienes no tiene nada que esconder, van a salir y van a dar que hablar, imagino que bastante, en todo el mundo, como también pronostica Miralles.
[Actualización: Diario del Alto Aragón: La película sobre San Josemaría Escrivá se estrenará el 25 de marzo]
En fin, esto es lo que escribre Melchor Miralles:
“There be dragons”, en español “Encontrarás dragones”, es un peliculón que va a dar que hablar en todo el mundo a patir de su estreno previsto para el mes de marzo en España y para mayo en los EEUU de Norteamérica. Supone la vuelta al drama épico de Roland Joffé, un director agnóstico, que se dice hombre de izquierdas, quien se consagró con “Los gritos del silencio” y “La Misión”. Como sucedió en las mencionadas historias, utiliza en “Encontrarás dragones” a dos personajes, uno real y otro de ficción, y con la técnica de las vidas paralelas que en realidad se entrecruzan, creo que pretende decirnos que cada uno de nosotros somos hijos de nuestras propias decisiones y hemos de vivir con sus consecuencias (abandonar a Dith Pran en manos de los Jemeres Rojos o matar a tu hermano porque se acuesta con tu mujer como Mendoza-Robert de Niro). En este caso, Roland Joffé entra a saco, en un pozo sin fondo de polémica al utilizar como uno de los dos protagonistas a un personaje tan polémico como Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.
Creo que sería bueno, y lo digo por propia experiencia, que primero se hablara de cine al analizar la película. Una vez analizada como lo que es, entremos en el fondo de la historia, y ahí encontraremos división de opiniones en una materia espinosa. Eso es lo que pretendo hacer. En “Dragones…”, Roland Joffé es a la vez co-productor, único guionista y productor y, según él mismo dijo en una rueda de prensa en Argentina, también inversor con su propio dinero, es decir, que estamos ante una película cien por cien Roland.
(Sigue en Melchormiralles.es)
Pero lo que me ha resultado interesante es que el productor impulsor del proyecto es un mimebro supernumerario del Opus Dei a quien conozco: Ignacio Gómez Sancha, un tipo inteligente, cultivado, que durante años fue abogado de la Bolsa de Madrid, donde trabajó de la mno de Antonio Zoido como presidente y donde compartía Consejo de Administración con Manuel Pizarro, Juan Carlos Ureta y demas capos del mundo financiero. Bien, pues Ignacio de pronto, para sorpresa de todos quienes le conocen, comoció a Roland, hablaron de la historia, abandonó su carrera como abogado y se dedicó de lleno a preproducir esta película. No oculto que seguí el proyecto de lejos, percibiéndolo como una locura destinada al fracaso. El siempre decía que su función en el proyecto no era otra que “crear un espacio de libre creatividad” para Roland. Y a partir de ahí, se puso a trabajar en la búsqueda de la financiación, creó un fondo de capital riesgo con más de 100 inversores, consiguió que entrara en el proyecto Antena 3, encontró a quien pusiera dinero en varios continentes y está a punto de culminar un trabajo cuyo fruto es una formidable película que les ha costado nada más y nada menos que 36 millones de dólares, algo así como 25 o 26 millones de euros.
He tenido el privilegio de aistir a un pase privado de “Encontrarás dragones” en el que compartí sala con amigos como José Mota o Anne Igartiburu. Y lo fundamental para mí es que Ignacio y Roland, tan parecidos como el aceite y el agua, han hecho un peliculón. Y son conscientes de que la polémica va a estar servida. Han tenido en el equipo a cuatro ganadores de un Oscar: Eugenio Zanetti en el diseño de producción; Yvonne Blake, el de “Supermán”, en el diseño de vestuario; Stephen Warbeck ha escrito la banda sonora original, sí, el mismo que hizo las de “Billy Elliot” y “Shakespeare enamorado” y Michelle Burke, la misma de “Drácula”, es quien ha tenido en sus manos la responsabilidad del maquillaje.
El reparto es también de primerísima fila. En “Encontrarás dragones” vemos a Charlie Cox (“El mercader de Venecia” y “Casanova”) interpretando a Escrivá de Balaguer; West Bentley (“American Beauty”) da vida a Manolo; Dougray Scott (“Dr. Jekyll y Mr. Hyde” y “Mujeres Desesperadas”) es Robert, el periodista que investiga la vida de Escrivá; la bellísima y formidable Olga Kurylenko (“Quantum of Solace”) interpreta a Ildiko, la joven húngara que forma parte de las Brigadas Internacionales; Rodrigo Santoro (Xerxes en “300″) se mete en la piel de Oriol, el anarquista que dirige la Columna de Hierro; Golshifteh Farahani (la iraní que actuó con Leonardo di Caprio en “Red de Mentiras”) hace de Leila, la mujer de Robert y Derek Jacobi (“Gladiator”) hace de Honorio.
El proyecto es más que interesante y en mi condición de productor me he propuesto ir conociendo las entrañas del mismo para poder contaroslas. Me interesa porque la película me ha parecido formidable; porque no es frecuente que un tipo aparentemente normal que como todo contacto con el mundo del cine había sido un asiduo espectador de las salas madrieñas se convierta en productor de un proyecto tan ambicioso; porque me parece más que interesante como Ignacio, miembro del Opus Dei, pone el proyecto en manos de un hombre como Roland Joffé que está en sus antípodas ideológicas, religiosas y vitales; porque no sólo no soy de Opus sino que mis posición hacia esta Obra es más que crítica, lo mismo que hacia su fundador, Escrivá de Balaguer, y por ello trato de aproximarme al proyecto con ojos abiertos y espíritu crítico; porque quiero saber y que sepáis como se ha hecho la peli, como se ha vivido el rodaje en un equipo como éste, cómo se ha puesto en pie una película tan grande y tan valiente en el sentido de abordar una historia polémica entendiendo que el cine es un espectáculo que ha de entretener, pero que mejor aún si después de disfrutar en la sala muchísimo con lo que ves en la pantalla, despiertas un debate social a partir de un peliculón, como ha sucedido con muchas grandes producciones con un contenido social, religioso o político; porque me interesa conocer los detalles de por qué un tipo como Roland, que ya consiguió este efecto en “Los gritos del silencio” y “La Misión”, se ve atrapado por un personaje como Escrivá; y, en definitiva, porque me gusta investigar las asuntos de actualidad, ir más allá y poder aportaros a vosotros que me leeis todos los detalles posibles de aquellas cosas de las que va a hablar todo el mundo, y a partir de su estreno en marzo,no me cabe duda alguna de que todo el mundo va a hablar de “Encontrarás dragones” con pasión, y me gustaría que vosotros, además de conformar vuestro propio criterio viendo la película, podáis conocer más detalles de una superproducción española que parece de todo menos española.
PS.- Gracias a un lector detecto un error que procedo a recitificar. Yvonne Blake no ganó el oscar por “Superman”, con esta película fue nominado en los premios Saturno de la Academy of Science Fiction, Fantasy & Horror Films, el Oscar lo ganó en 1972 por “Nicolás y Alejandra” y estuvo nominado en 1976 por “Los cuatro mosqueteros”. También tiene cuatro premios Goya por el mejor diseño de vestuario por “Remando al viento”, “Canción de cuna”, “Carmen” y “El puente de San Luis Rey”. Gracias, José Angel, por advertirme de la equivocación.
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Lunes, 07 de Marzo de 2011 09:11 |
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Capítulo de "El Fundador del Opus Dei y su actitud ante el poder establecido"
François Gondrand
El Fundador del Opus Dei nació en Barbastro (Aragón) el 9 de enero de 1902. Ingresó en el seminario de Logroño a los dieciséis años. En aquel momento su llevaba cuatro años residiendo en la capital de La Rioja, adonde se había visto trasladado a causa de un fuerte revés económico.
Comentaba años Escrivá después que durante su estancia en Logroño experimentó en su alma que Dios le llamaba para hacer algo por Él, aunque ignoraba el contenido de ese algo. A raíz de esa llamada decidió hacerse sacerdote y durante once años le pidió al Señor que le desvelase en qué consistía aquel querer divino.
Al fin, el 2 de octubre de 1928, tres años después de su ordenación sacerdotal en Zaragoza, mientras trabajaba en Madrid como capellán de una fundación caritativa, vio claramente que Dios le llamaba a abrir un camino de santidad en medio del mundo que llevara a los hombres y las mujeres a alcanzar la plenitud de la vida cristiana en el ejercicio de su propia profesión, en su vida familiar y social, y esforzándose por vivir una intensa vida de oración y de sacramentos. Con la ayuda de los sacerdotes, esos hombres y esas mujeres serían un fermento espiritual en el seno de la sociedad, y al igual que la levadura en la masa, contribuirían a mejorar sus ambientes familiares y profesionales, vivificándolos con los valores evangélicos.
Al principio siguieron a Escrivá algunos estudiantes universitarios; y a partir de febrero de 1930, varias mujeres jóvenes.
Para formar humana, profesional y cristianamente a los jóvenes universitarios que le seguían y poder transmitirles su afán de almas, abrió una academia en 1933, que un año después amplió con una residencia universitaria.
Las circunstancias no podían ser más desfavorables: la República, nacida pocos años antes, en 1931, había dictado una serie de leyes anticlericales que vinieron acompañadas por medidas vejatorias contra las congregaciones religiosas; y eran frecuentes por las calles las algaradas de signo antirreligioso. Pero el joven fundador no se detuvo. En julio de 1936, cuando estalló la guerra civil, estaba estudiando la posibilidad de abrir otros dos nuevos centros de formación cristiana, semejantes al de Madrid: uno en Valencia y otro en París.
Con los brazos abiertos a todos y respetuoso siempre con la libertad de cada persona, don Josemaría no hacía ningún tipo de declaración partidista sobre la situación política que le rodeaba. Los jóvenes que le seguían tenían filiaciones políticas muy diversas y a veces, antagónicas: había entre ellos nacionalistas, monárquicos que estaban cada vez más en desacuerdo con el gobierno constituido, católicos vascos de fuerte sentido republicano y defensores de sus libertades patrias, etc.
“El Padre”, como todos le llamaban, no hacía alusión alguna a las libres opciones temporales de cada cual, aunque les pedía, eso sí, que no hablaran de cuestiones políticas en aquel centro al que acudían para formarse cristianamente. Les explicaba que la labor apostólica que llevaba a cabo no era, en modo alguno, una respuesta ante la situación político-religiosa que atravesaba el país. “La Obra de Dios –decía- no la ha imaginado un hombre, para resolver la situación lamentable de la Iglesia en España desde 1931”. “No somos una organización circunstancial” –recalcaba- (...) “ni venimos a llenar una necesidad particular de un país o de un tiempo determinados, porque quiere Jesús su Obra desde el primer momento con entraña universal, católica”[1]. “El vínculo que os une -insistía el fundador- es de naturaleza exclusivamente espiritual (...) Lo que descarta toda idea o intención política o partidista” [2].
Escrivá se limitaba a enseñar —y eso ya era mucho— el mensaje del Opus Dei, que convoca a los cristianos corrientes a santificarse en medio del mundo y a esforzarse por vivir la llamada evangélica con todas sus consecuencias, recordándoles las palabras del Señor: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto”. No les ofrecía un recetario de reformas sociales, ni un programa político determinado. Sabía –y recordaba- que el esfuerzo por transformar la sociedad para hacerla más fiel a los valores evangélicos es una tarea que corresponde a cada fiel cristiano en particular. Es el cristiano de a pie quien debe formular y proponer, con plena responsabilidad, las consecuencias sociales concretas que, a su juicio personal, lleva implícito ese mensaje.
Esta convocatoria –nacida de la enseñanza perenne de la Iglesia y que invita a los cristianos a obrar en todo momento de forma coherente con su fe- tiene unas claras consecuencias sociales. Partiendo de esas enseñanzas los cristianos pueden proponerse programas sociales y políticos muy variados y diversos a los que proponen –partiendo de esas mismas enseñanzas- otros cristianos, con una pluralidad grande de enfoques y perspectivas. Fueran las que fuesen las opciones personales de cada uno, el Fundador alentaba a los cristianos a formarse bien desde el punto de vista doctrinal, y a cultivar una profunda vida interior acompañada por la creatividad y la iniciativa apostólica personal en todos los ámbitos. Porque sólo así –decía- cada cristiano, con personal responsabilidad, con autonomía y respeto a las legítimas opciones de los demás, será capaz de llevar a cabo una profunda renovación espiritual de la sociedad.
Conviene recalcar este punto: Escrivá alentaba a llevar a cabo una renovación espiritual personal; es decir: no daba ningún tipo de consigna, encaminada, por ejemplo, a reinstaurar nostálgicamente, la antigua cristiandad, si se entiende ese término –cristiandad- en su acepción política. Es interesante recordar que la palabra cristiandad no aparece en Camino.
No se trata de regresar a situaciones del pasado, sino de transformar el mundo presente desde dentro. Y esa transformación debía realizarse –explicaba el Fundador- en todas las épocas, en todos los países, en todos los ámbitos sociales, porque todos los oficios, trabajos y actividades nobles de los hombres pueden convertirse en caminos de santidad. “Hemos de estar siempre de cara a la muchedumbre, porque no hay criatura humana que no amemos, que no tratemos de ayudar y de comprender. Nos interesan todos, porque todos tienen un alma que salvar”[3]. La palabra “alma”se encuentra frecuentemente en sus escritos, y es una manifestación del sentido estrictamente espiritual y apostólico de sus enseñanzas.
Hablaba con frecuencia del común denominador del que gozaban las personas que le seguían (la fe cristiana, las enseñanzas de la Iglesia, un espíritu y unos modos apostólicos específicos) y del numerador diversísimo y variado del que gozaban: ese numerador eran las libres opiniones y opciones personales de cada una, de cada uno, en materias políticas, culturales, científicas, artísticas, profesionales, etc.
Continuó predicando esto mismo, década tras década, de forma inalterable, en las circunstancias más diversas: en la preguerra, en el fragor de la contienda civil y durante el régimen que se impuso en España a continuación; y en los treinta y un países del mundo a los que llegó su acción apostólica a lo largo de su vida.
Este rechazo explícito de cualquier forma de clericalismo resulta completamente congruente con la condición secular de los miembros del Opus Dei, que son “ciudadanos de dos ciudades”; es decir, fieles corrientes que gozan de los mismos derechos y obligaciones que sus conciudadanos.
En los documentos que el Fundador sometió a la aprobación de la Santa Sede en 1947[4], hizo constar un mandato específico para los directores del Opus Dei, indicándoles con rotunda claridad que deberían abstenerse por completo de intervenir en cualquier ámbito (político, cultural, profesional, etc.) que perteneciera a la libre elección de los miembros de la Obra. Los estatutos definitivos del año 1982, sancionados por Juan Pablo II con motivo de la erección del Opus Dei en Prelatura personal, recogieron ese mandato[5].
Esto explica que cada vez que ha surgido alguna cuestión relativa a este punto en cualquier país del mundo, hayan sido los propios miembros del Opus Dei los que han reafirmado su libertad absoluta de opinión y de compromiso político, cultural y profesional. En los contextos culturales más diversos han señalado que ellos son los únicos responsables de sus libres opciones personales; y que no representan en modo alguno con sus actuaciones a la institución de la Iglesia a la que pertenecen.
Y lo mismo han hecho los responsables del Opus Dei en casos similares.
La cuestión se planteó por primera vez en 1957 en España, cuando fueron nombrados ministros del Gobierno dos miembros del Opus Dei: Mariano Navarro Rubio y Alberto Ullastres. Al conocer este dato, ciertos periodistas de la prensa internacional, como no sabían en qué tendencia clasificarlos, les colgaron rápidamente el sambenito de “tecnócratas” o “tecnócratas del Opus Dei”.
Esta calificación –tecnócratas del Opus Dei- era falsamente precisa: porque Ullastres y Navarro no accedieron a sus cargos por su condición de miembros del Opus Dei, ni actuaron en ningún momento como representantes de esta institución en la vida política; además, con esa calificación se englobaba arbitrariamente bajo el nombre “Opus Dei” a un conjunto de políticos –los llamados tecnócratas- que sólo tenían en común con Ullastres y Navarro la pertenencia al mismo equipo de gobierno. Todos estos hombres resultaban difíciles de “clasificar” en relación con las tendencias más conocidas, y que eran entonces: falangistas, militares, monárquicos (ya fueran donjuanistas, juancarlistas o carlistas), y demócrata-cristianos procedentes de la Acción Católica o de la Asociación Nacional de Propagandistas.
Cinco años después, en 1962, otro miembro del Opus Dei, Gregorio López Bravo, entró a formar parte del gobierno. Tres años después Ullastres y Navarro Rubio salieron del gobierno y fueron nombrados ministros cuatro miembros del Opus Dei: el ya citado López Bravo, Juan José Espinosa, Laureano López Rodó y Faustino García Moncó.
En el gobierno de 1969 había tres miembros del Opus Dei: López Bravo, López Rodó y Vicente Mortes. Entre los ministros nombrados en 1973 uno (López Rodó); y entre los nombrados en 1975, uno también, Fernando Herrero Tejedor.
Esto significa que de los 129 ministros que nombró Franco desde el 3 de octubre de 1936 hasta su fallecimiento en 1975, sólo ocho ministros eran del Opus Dei. Y esos ocho ministros, que pertenecieron a diversas tendencias, estuvieron en gobiernos muy distintos del Régimen, a lo largo de los años cincuenta, sesenta y setenta respectivamente.
[1] Cfr. F. Gondrand, Al paso de Dios. Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid 1984, p. 95.
[2] Ibid, p.85.
[3] Cfr. A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol I, Rialp, Madrid 1997, pp.299-300.
[4] Ver Decretum laudis de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei como instituto secular de derecho pontificio, fechado el 24 de febrero de 1947. Citado por A. Fuenmayor, V. Gómez Iglesias y J. L. Illanes en El Itinerario jurídico del Opus Dei, Eunsa, Pamplona 1989, pp 532-535 ; y elDecreto Primum Inter del 16 de junio de 1950, citado en ibid., pp. 544-553.
[5] Ver los Estatutos de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei (Codex iuris particularis Operis Dei) citados en ibid., pp. 628-657. Ver también la Declaración Praelaturae personales, del Cardenal Sebastián Baggio, Prefecto de la Congregación de Obispos (23 de agosto de 1982) que acompaña la sanción de los Estatutos, citada en ibid. p. 621.
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Etiquetas: actitud san josemaria guerra civil, fundador guerra civil española, fundador opus dei historia, opus dei guerra civil |
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Lunes, 07 de Marzo de 2011 08:40 |
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Capítulo de "El Fundador del Opus Dei y su actitud ante el poder establecido"
François Gondrand
El Fundador del Opus Dei nació en Barbastro (Aragón) el 9 de enero de 1902. Ingresó en el seminario de Logroño a los dieciséis años. En aquel momento su llevaba cuatro años residiendo en la capital de La Rioja, adonde se había visto trasladado a causa de un fuerte revés económico.
Comentaba años Escrivá después que durante su estancia en Logroño experimentó en su alma que Dios le llamaba para hacer algo por Él, aunque ignoraba el contenido de ese algo. A raíz de esa llamada decidió hacerse sacerdote y durante once años le pidió al Señor que le desvelase en qué consistía aquel querer divino.
Al fin, el 2 de octubre de 1928, tres años después de su ordenación sacerdotal en Zaragoza, mientras trabajaba en Madrid como capellán de una fundación caritativa, vio claramente que Dios le llamaba a abrir un camino de santidad en medio del mundo que llevara a los hombres y las mujeres a alcanzar la plenitud de la vida cristiana en el ejercicio de su propia profesión, en su vida familiar y social, y esforzándose por vivir una intensa vida de oración y de sacramentos. Con la ayuda de los sacerdotes, esos hombres y esas mujeres serían un fermento espiritual en el seno de la sociedad, y al igual que la levadura en la masa, contribuirían a mejorar sus ambientes familiares y profesionales, vivificándolos con los valores evangélicos.
Al principio siguieron a Escrivá algunos estudiantes universitarios; y a partir de febrero de 1930, varias mujeres jóvenes.
Para formar humana, profesional y cristianamente a los jóvenes universitarios que le seguían y poder transmitirles su afán de almas, abrió una academia en 1933, que un año después amplió con una residencia universitaria.
Las circunstancias no podían ser más desfavorables: la República, nacida pocos años antes, en 1931, había dictado una serie de leyes anticlericales que vinieron acompañadas por medidas vejatorias contra las congregaciones religiosas; y eran frecuentes por las calles las algaradas de signo antirreligioso. Pero el joven fundador no se detuvo. En julio de 1936, cuando estalló la guerra civil, estaba estudiando la posibilidad de abrir otros dos nuevos centros de formación cristiana, semejantes al de Madrid: uno en Valencia y otro en París.
Con los brazos abiertos a todos y respetuoso siempre con la libertad de cada persona, don Josemaría no hacía ningún tipo de declaración partidista sobre la situación política que le rodeaba. Los jóvenes que le seguían tenían filiaciones políticas muy diversas y a veces, antagónicas: había entre ellos nacionalistas, monárquicos que estaban cada vez más en desacuerdo con el gobierno constituido, católicos vascos de fuerte sentido republicano y defensores de sus libertades patrias, etc.
“El Padre”, como todos le llamaban, no hacía alusión alguna a las libres opciones temporales de cada cual, aunque les pedía, eso sí, que no hablaran de cuestiones políticas en aquel centro al que acudían para formarse cristianamente. Les explicaba que la labor apostólica que llevaba a cabo no era, en modo alguno, una respuesta ante la situación político-religiosa que atravesaba el país. “La Obra de Dios –decía- no la ha imaginado un hombre, para resolver la situación lamentable de la Iglesia en España desde 1931”. “No somos una organización circunstancial” –recalcaba- (...) “ni venimos a llenar una necesidad particular de un país o de un tiempo determinados, porque quiere Jesús su Obra desde el primer momento con entraña universal, católica”[1]. “El vínculo que os une -insistía el fundador- es de naturaleza exclusivamente espiritual (...) Lo que descarta toda idea o intención política o partidista” [2].
Escrivá se limitaba a enseñar —y eso ya era mucho— el mensaje del Opus Dei, que convoca a los cristianos corrientes a santificarse en medio del mundo y a esforzarse por vivir la llamada evangélica con todas sus consecuencias, recordándoles las palabras del Señor: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto”. No les ofrecía un recetario de reformas sociales, ni un programa político determinado. Sabía –y recordaba- que el esfuerzo por transformar la sociedad para hacerla más fiel a los valores evangélicos es una tarea que corresponde a cada fiel cristiano en particular. Es el cristiano de a pie quien debe formular y proponer, con plena responsabilidad, las consecuencias sociales concretas que, a su juicio personal, lleva implícito ese mensaje.
Esta convocatoria –nacida de la enseñanza perenne de la Iglesia y que invita a los cristianos a obrar en todo momento de forma coherente con su fe- tiene unas claras consecuencias sociales. Partiendo de esas enseñanzas los cristianos pueden proponerse programas sociales y políticos muy variados y diversos a los que proponen –partiendo de esas mismas enseñanzas- otros cristianos, con una pluralidad grande de enfoques y perspectivas. Fueran las que fuesen las opciones personales de cada uno, el Fundador alentaba a los cristianos a formarse bien desde el punto de vista doctrinal, y a cultivar una profunda vida interior acompañada por la creatividad y la iniciativa apostólica personal en todos los ámbitos. Porque sólo así –decía- cada cristiano, con personal responsabilidad, con autonomía y respeto a las legítimas opciones de los demás, será capaz de llevar a cabo una profunda renovación espiritual de la sociedad.
Conviene recalcar este punto: Escrivá alentaba a llevar a cabo una renovación espiritual personal; es decir: no daba ningún tipo de consigna, encaminada, por ejemplo, a reinstaurar nostálgicamente, la antigua cristiandad, si se entiende ese término –cristiandad- en su acepción política. Es interesante recordar que la palabra cristiandad no aparece en Camino.
No se trata de regresar a situaciones del pasado, sino de transformar el mundo presente desde dentro. Y esa transformación debía realizarse –explicaba el Fundador- en todas las épocas, en todos los países, en todos los ámbitos sociales, porque todos los oficios, trabajos y actividades nobles de los hombres pueden convertirse en caminos de santidad. “Hemos de estar siempre de cara a la muchedumbre, porque no hay criatura humana que no amemos, que no tratemos de ayudar y de comprender. Nos interesan todos, porque todos tienen un alma que salvar”[3]. La palabra “alma”se encuentra frecuentemente en sus escritos, y es una manifestación del sentido estrictamente espiritual y apostólico de sus enseñanzas.
Hablaba con frecuencia del común denominador del que gozaban las personas que le seguían (la fe cristiana, las enseñanzas de la Iglesia, un espíritu y unos modos apostólicos específicos) y del numerador diversísimo y variado del que gozaban: ese numerador eran las libres opiniones y opciones personales de cada una, de cada uno, en materias políticas, culturales, científicas, artísticas, profesionales, etc.
Continuó predicando esto mismo, década tras década, de forma inalterable, en las circunstancias más diversas: en la preguerra, en el fragor de la contienda civil y durante el régimen que se impuso en España a continuación; y en los treinta y un países del mundo a los que llegó su acción apostólica a lo largo de su vida.
Este rechazo explícito de cualquier forma de clericalismo resulta completamente congruente con la condición secular de los miembros del Opus Dei, que son “ciudadanos de dos ciudades”; es decir, fieles corrientes que gozan de los mismos derechos y obligaciones que sus conciudadanos.
En los documentos que el Fundador sometió a la aprobación de la Santa Sede en 1947[4], hizo constar un mandato específico para los directores del Opus Dei, indicándoles con rotunda claridad que deberían abstenerse por completo de intervenir en cualquier ámbito (político, cultural, profesional, etc.) que perteneciera a la libre elección de los miembros de la Obra. Los estatutos definitivos del año 1982, sancionados por Juan Pablo II con motivo de la erección del Opus Dei en Prelatura personal, recogieron ese mandato[5].
Esto explica que cada vez que ha surgido alguna cuestión relativa a este punto en cualquier país del mundo, hayan sido los propios miembros del Opus Dei los que han reafirmado su libertad absoluta de opinión y de compromiso político, cultural y profesional. En los contextos culturales más diversos han señalado que ellos son los únicos responsables de sus libres opciones personales; y que no representan en modo alguno con sus actuaciones a la institución de la Iglesia a la que pertenecen.
Y lo mismo han hecho los responsables del Opus Dei en casos similares.
La cuestión se planteó por primera vez en 1957 en España, cuando fueron nombrados ministros del Gobierno dos miembros del Opus Dei: Mariano Navarro Rubio y Alberto Ullastres. Al conocer este dato, ciertos periodistas de la prensa internacional, como no sabían en qué tendencia clasificarlos, les colgaron rápidamente el sambenito de “tecnócratas” o “tecnócratas del Opus Dei”.
Esta calificación –tecnócratas del Opus Dei- era falsamente precisa: porque Ullastres y Navarro no accedieron a sus cargos por su condición de miembros del Opus Dei, ni actuaron en ningún momento como representantes de esta institución en la vida política; además, con esa calificación se englobaba arbitrariamente bajo el nombre “Opus Dei” a un conjunto de políticos –los llamados tecnócratas- que sólo tenían en común con Ullastres y Navarro la pertenencia al mismo equipo de gobierno. Todos estos hombres resultaban difíciles de “clasificar” en relación con las tendencias más conocidas, y que eran entonces: falangistas, militares, monárquicos (ya fueran donjuanistas, juancarlistas o carlistas), y demócrata-cristianos procedentes de la Acción Católica o de la Asociación Nacional de Propagandistas.
Cinco años después, en 1962, otro miembro del Opus Dei, Gregorio López Bravo, entró a formar parte del gobierno. Tres años después Ullastres y Navarro Rubio salieron del gobierno y fueron nombrados ministros cuatro miembros del Opus Dei: el ya citado López Bravo, Juan José Espinosa, Laureano López Rodó y Faustino García Moncó.
En el gobierno de 1969 había tres miembros del Opus Dei: López Bravo, López Rodó y Vicente Mortes. Entre los ministros nombrados en 1973 uno (López Rodó); y entre los nombrados en 1975, uno también, Fernando Herrero Tejedor.
Esto significa que de los 129 ministros que nombró Franco desde el 3 de octubre de 1936 hasta su fallecimiento en 1975, sólo ocho ministros eran del Opus Dei. Y esos ocho ministros, que pertenecieron a diversas tendencias, estuvieron en gobiernos muy distintos del Régimen, a lo largo de los años cincuenta, sesenta y setenta respectivamente.
[1] Cfr. F. Gondrand, Al paso de Dios. Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid 1984, p. 95.
[2] Ibid, p.85.
[3] Cfr. A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol I, Rialp, Madrid 1997, pp.299-300.
[4] Ver Decretum laudis de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei como instituto secular de derecho pontificio, fechado el 24 de febrero de 1947. Citado por A. Fuenmayor, V. Gómez Iglesias y J. L. Illanes en El Itinerario jurídico del Opus Dei, Eunsa, Pamplona 1989, pp 532-535 ; y elDecreto Primum Inter del 16 de junio de 1950, citado en ibid., pp. 544-553.
[5] Ver los Estatutos de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei (Codex iuris particularis Operis Dei) citados en ibid., pp. 628-657. Ver también la Declaración Praelaturae personales, del Cardenal Sebastián Baggio, Prefecto de la Congregación de Obispos (23 de agosto de 1982) que acompaña la sanción de los Estatutos, citada en ibid. p. 621.
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